Crítica Jaime Martínez | LA COPA FELIZ

Crítica Jaime Martínez

La segunda, 2011

La Copa Feliz (del Edén)

Ese sentido del humor, con alusiones de consumo estrictamente nacional, se manifiesta también en la presentación de los distintos rubros de la carta de este restaurante. Así la lista de aperitivos es “para entonarnos”, las entradas figuran “al aguaite” y los postres en “dulce patria”. Pero la verdadera gracia del local recientemente inaugurado tras largos esfuerzos (Av. Echenique 6315, La Reina) está en que pasa a formar parte de la escasa oferta de comida chilena refinada, esa que echamos de menos a la hora de responder a la curiosidad de nuestros visitantes del extranjero.

Tenemos experiencia personal para confirmar esta impresión, pero bastaría con recorrer la carta. Así, entre los aperitivos, además del invariable pisco sour, están el Pérez Rosales con licor de guindas valdiviano, el Lord Cochrane, que mezcla con ingenio el whisky sour con lágrimas de miel de palma, y los a veces olvidados bitter batido, chilean manhattan y vaina. En las entradas hay empanadas de queso y de machas, erizos, clásicos locos con papas mayo al ají verde, machas a la parmesana, camarones con merkén suave y un original timbal de centolla con palta y manzana verde.

Entre los platos de fondo, además de una buena variedad de pescados y carnes a la parrilla, no faltan el chupe de jaiba con almendras tostadas, el pastel de choclo, la plateada al horno de barro, el arrollado huaso, las codornices con uvas y el asado campestre para compartir. Sin embargo, la mezcla de tradición y creatividad se aprecia mejor en recetas como los raviolones negros de luche con centolla en salsa de martini dry, la merluza austral con tomate fresco, cochayuyo y albahaca, la corvina con ostiones en salsa Margarita y quínoa al cilantro, el cordero de secano costero asado en vino con habas y alcachofas o el conejo escabechado “a la huachi” (en alusión a la forma de cazarlo) con espárragos y puré al ajo chilote.

Los acompañamientos se cobran por separado y en ellos vuelven a aparecer el cochayuyo en forma de pebre o en salsa, así como los piñones de araucaria y la salsa Margarita. Los postres son igualmente típicos (a veces con variaciones): leche nevada, huesillos con helado de mote, milhojas de Nilahue, torta de merengue con lúcuma o frambuesa, y también mousse de chocolate y mazapán Tía Lola y tres leches con dulce de damasco de la Perpetua. A título indicativo, los precios de las entradas van de $ 2.800 a $ 4.800, salvo los locos, y los platos de fondo de $ 3.800 a $ 6.800.

Sólo cabe felicitar a Mario Mira, propietario e “ideólogo” de este aporte renovador a la cocina chilena, a su chef Rafael Lazcano y a todos los que tengan el acierto de ir a este lugar amplio, cómodo y de buen gusto para comprobar la alta calidad que puede lograrse con un uso inteligente de nuestra tradición culinaria.